martes, 18 de marzo de 2008

Numerología bancaria o el PIN mutante del cajero automático



"Esto puede ser crucial en una situación límite no lo echéis en 'saco roto'

INVERTIR EL NÚMERO DE PIN PUEDE SALVARTE

Si estás siendo forzado/a por un ladrón para retirar tu dinero de un cajero automático, lo puedes notificar a la policía marcando tú PIN al revés.

Por ejemplo si tu número de PIN es 1234 márcalo al revés: 4321.

El cajero reconoce que tu número de PIN está marcado al revés del que corresponde a la tarjeta que pusiste en la máquina.

La máquina te dará el dinero solicitado, pero, oculto para el ladrón, la policía será avisada y saldrá para ayudarte inmediatamente.

Esta información se transmitió recientemente por TELEVISION y declararon en el programa que raramente se usa porque las personas no saben que existe.

Por favor pasa esto a todos tus contactos.

María Valenzuela

Responsable de Logística

Tel: +34 91 577 4797 Fax: +34 91 576 6296"


Hasta aquí esta ingenua ciberbroma, porque no me atrevo a calificarla ni siquiera de cibertrola. Pasado el primer instante de sorpresa, se hace evidente que el autor del engaño no ha tenido en cuenta los pines capicúa. Si un atracador te acosa, en lugar de escribir 1551, escríbelo al revés: 1551. Seguro que el cajero automático se comportará como si nada y te entregará el dinero. Ahora bien, tampoco confiaría mucho en que avisara a la policía.
En el resto de los casos, en los que el número no es capicúa, lo único que obtendremos de la máquina será un mensaje de "número incorrecto" y posiblemente nuestro indeseable acompañante empiece a sentirse un poco nervioso.
El final del mensaje incluye el nombre, cargo, teléfono y fax de una persona que posiblemente recibió el mensaje y lo reenvió sin darse cuenta de que su firma iba a formar parte solidaria de la cibertrola a partir de ese momento.


jueves, 13 de marzo de 2008

Una de clásicos

Me gustaría echar una breve ojeada a algunas de las leyendas urbanas y cibertrolas clásicas que tuvieron un auge impresionante a finales del siglo XX. Aparecieron en un momento en el que Internet comenzaba y en el que todavía poseíamos la suficiente ingenuidad como para creernos todo lo que nos llegaba por la Red.
Frases como "lo he visto en Internet" bastaban para dar legitimidad al rumor más descabellado o a la sandez más desmesurada.
A continuación relaciono algunas de las que más impactaron, en orden cronológico:
  • Las calcomanías, en especial las que mostraban dibujos de Disney, tenían LSD disuelto en el papel y se suponía que los niños al lamerlas podían acabar drogados. Este rumor fue ampliamente difundido en forma de fotocopias en guarderías y colegios. Reaparecía de forma cíclica cada inicio de curso, aunque en los últimos años ha perdido intensidad.
  • Las alcantarillas de New York estaban llenas de enormes cocodrilos que habían crecido allí después de que sus dueños se deshicieran de las crías de reptil tirándolas por el inodoro. Esta leyenda ha tenido incluso secuelas en forma de película.
  • El robo de riñones a turistas. Esta leyenda, con muchas variantes, contaba la aventura de un hombre que después de un encuentro sexual en algún país del extranjero se despertaba a la mañana siguiente dentro de una bañera, con una cicatriz en su costado y con un riñón menos, extraído por alguna mafia de tráfico de órganos.

  • La explosión de la silicona de un pecho de alguna famosa mientras viajaba en avión: esta leyenda tuvo una gran difusión internacional. En concreto, en España, la protagonista de esta leyenda era Ana Obregón. En Italia, sin embargo, se adjudicaba la historia a Brigitte Nielsen.




  • Ricky Martin y la mermelada, o cualquier otra sustancia untable. Contaba esta ciberleyenda, que tuvo una tremenda difusión mediática (radio, televisión e internet), el papelón del artista que era testigo desde un armario de cómo una fan a la que había ido a sorprender se embadurnaba de mermelada o foie gras para que su perro le hiciera un cunilingus. Hubo, incluso, personas que aseguraban haber visto el programa Sorpresa, sorpresa, en aquella época en horas bajas de audiencia.

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